Los Nuestros

Los nuestros son los que empiezan. Desde el que no mantiene aún el paso firme pero, como culebrilla cimbreante, sigue asombrosamente hábil a su maestra; pasando por el que experimenta, en charla con sus colegas, nuevas formas de ser y de moverse mientras su cabeza y cuerpo están en plena revolución; hasta los del último curso, los que se saben los mayores y en el rostro ya se les nota que empiezan a luchar por un proyecto…su propio proyecto.

Hay momentos, cuestión de minutos, que en los patios están todos entre gritos, risas y juegos. Alguna vez me he parado a verlos. No puedes hacer otra cosa que sonreír, creedme, y agradecer que mi trabajo sea para ellos…que ellos sean los nuestros.

Ahora he perdido la mirada cariñosa que acompaña al “buenos días, profe”; los cinco minutos (o seis) de rigor para que me hagan caso al principio de clase; la sonrisa maliciosa cuando llamo “pitufo” al de diecisiete que anda, el pobre, con ojeras por la locura de la ABAU; las ocurrencias inoportunas, ingeniosas y llenas de inteligencia del que cree que le falta chispa al tema del día; las miradas perdidas en sus mundos paralelos, las preguntas pasmonas, las respuestas resbaladizas del que coges en un renuncio, el revuelo que se monta en los debates “a la española” y un buen puñado de risas y de abrazos…mis compañeros llenarían folios con esto.

Nos toca otro momento. Y pasados los primeros días de confusión, una se ve frente a la pantalla y desea tener la habilidad, la maña para saltarse la distancia porque igual que echas de menos al padre, a la hermana, al amigo…igual, a tus alumnos. Y puede que a ellos, aunque de manera inconfesable, les ocurra también (sin olvidar que no está nada mal esto de no tener que madrugar y de que el uniforme cuelgue de una percha). Una ventaja tienen, saben moverse en las redes y saben interaccionar entre estos vericuetos. Incluso ahora, nos demuestran que están más preparados para esta situación de lo que pensábamos.

Siempre nos dan lecciones…

En estos días reparto tareas: comentarios críticos, ejercicios de ABAU, libros de lectura, teoría de literatura… No podemos pararnos, no pueden perder ni preparación, ni oportunidades, ni derechos. Pero la pregunta está ahí ¿son conscientes? ¿tienen la madurez suficiente? Tengo el correo lleno de trabajos entregados (incluso alguno mucho antes del tiempo estipulado). Una alumna del último curso me pide de golpe la teoría que queda. Hasta en la distancia te llega su vitalidad.

Una no es de piedra, nadie que se dedique a esto lo es, y se emociona. Si me permitís, transcribo una reflexión en la que ando estos días, unas líneas para nuestros jóvenes. Creo que muchos lo sentimos así.

Las cifras que voy viendo por los medios me hacen temblar, me quitan aire para respirar. Me pongo a mi trabajo y el correo está esperando. En uno de los mensajes, una alumna se despide con estas palabras: “Estamos con mucha energía y más ahora que el mundo entero se ha sumado a nuestro #challenge de los aplausos”.

Ahí están. Con el mundo patas arriba, haciendo equilibrios entre la incertidumbre general.

Ahí están… trabajando y con mucha energía.

Esta es nuestra juventud, esta es la llamada “generación perdida”, los «débiles emocionales».

Retomo mi trabajo…y mi mente les aplaude, llena de orgullo, hasta el infinito.
Estoy cada vez más segura, tenemos suerte de que ellos sean nuestro trabajo, de que ellos sean: Los Nuestros.

Mucho ánimo y un abrazo.

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5 comentarios

  1. Siempre supe que eras una gran profesional, pero con lo que has escrito, me lo ratifica.
    Un beso y piensa que “los nuestros” nunca te olvidarán, te llevarán siempre en su corazón; como te llevo yo.
    Te quiero mucho por lo buena persona y gran MAESTRA que eres.

  2. Enhorabuena al Lixeo. Gran colegio porque se nutre de buenas personas, con un corazón enorme e interesadas de verdad en que nuestros hijos saquen de esta situación lo mejor de ellos mismos. Un abrazo enorme para vosotros y mucho ánimo

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